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Dólar estresado. En una semana más tensa en el frente cambiario por el fixing del título dollar linked que vence a fin de mes, el dólar cerró ayer en AR$ 1,514, un nuevo nivel donde parece haberse plantado el Gobierno. El volumen operado en dollar linked venía subiendo desde el viernes pasado y ayer se disparó con el fixing, lo que sugiere bastante intervención del BCRA. También se vio al Tesoro vendiendo algunos dólares para contener la presión, según se desprende de los últimos datos monetarios. La semana que viene debería descomprimir un poco la presión, pero vemos la tendencia del tipo de cambio para arriba.
El uso de fondos del FGS para fondear créditos hipotecarios es positivo y está en línea con lo que veníamos promoviendo en nuestros informes, porque es una de las pocas políticas de estímulo que no requiere tocar alguna de las vacas sagradas de Milei: el déficit fiscal, el tipo de cambio o la emisión monetaria. Con esta medida, que se suma a la flexibilización de los créditos en dólares, el Gobierno parece reconocer la debilidad de algunos sectores de la actividad y muestra pragmatismo.
No hay dudas de que el segundo semestre presenta un panorama más complejo para la economía argentina. La abundante oferta de dólares que permitió mantener la estabilidad cambiaria y comprar más de US$ 13 mil millones de dólares durante la primera parte del año, parece haber quedado atrás y mientras la actividad económica sigue débil, el humor del mercado se volvió un poco más negativo. Por ahora, el Gobierno concentra sus esfuerzos en mantener la estabilidad cambiaria. La pregunta es si eso alcanza para revertir la tendencia.
Riesgo país a 517. El índice EMBI subió en torno a 100 puntos básicos desde el 3 de agosto, alcanzando el nivel más alto en dos meses. Empezó como algo idiosincrático, por el deterioro de Milei en las encuestas y los datos lúgubres de actividad, a contramano del resto de los países “de alto riesgo” como Ecuador o Egipto que veían bajar su costo de financiamiento. Esta semana, con las declaraciones de Trump sobre Ormuz y la intervención de Scott Bessent para bajar las tasas largas americanas, el clima risk-off fue global. A medida que se acercan las elecciones 2027, las ventanas para volver a los mercados se acortan.
Es un secreto a voces que gran parte de la economía no arranca. El consumo masivo cae según las consultoras que siguen el tema, mientras que construcción, industria y comercio están aletargados. Los sectores que sí crecen (minería, agro y energía) representan apenas el 13% del PBI, con lo que no alcanza para levantar la economía en su conjunto. No hablamos de una crisis, como sí las hubo otras veces, pero una gran parte de la economía sigue sufriendo. De hecho, los últimos datos alimentan el nerviosismo porque el segundo trimestre se perfila para cerrar con una caída del PBI y los primeros números de julio tampoco son demasiado alentadores.
Una de las posibles razones que subyacen al flojo nivel de actividad en una gran parte de la economía es el estancamiento del crédito. En este sentido, hay dos temas que se están discutiendo: la mora, que ha subido y todavía no se le ha encontrado una solución, y una mayor laxitud de la regulación para otorgar préstamos en dólares.
Las encuestas ponen nerviosos a los inversores. El riesgo país venía moviéndose al compás de la volatilidad internacional, pero en agosto se desacopló del resto de los emergentes y subió hasta los 471 puntos, unos 50 puntos por encima del mínimo alcanzado el 3 de agosto. La canasta de países de alto riesgo comparables, en cambio, comprimió unos 10 puntos en el mismo período, lo que sugiere que la suba tuvo más que ver con factores domésticos, posiblemente con el nerviosismo que generaron las últimas encuestas de opinión. En particular, las de AtlasIntel y UTDT mostraron que la imagen del Gobierno está en mínimos de la gestión. La volatilidad del mercado probablemente irá en aumento a medida que nos acerquemos a 2027.
Banda dentro de la banda. Más allá del evento puntual del martes pasado, cuando estimamos que el Tesoro vendió US$ 145 millones para contener al dólar, la presión cambiaria siguió sin aflojar en los últimos días. El gobierno se mantiene firme en la postura de no dejar que el tipo de cambio supere los AR$ 1,500, ofreciendo cobertura con títulos dollar-linked y plantándose en ese nivel (a confirmar con los datos monetarios de los próximos días). El BCRA bajó el ritmo de compras y acumuló solo US$ 54 millones en los primeros tres días hábiles de agosto. Nuestra visión es que el tipo de cambio va a seguir presionado en los próximos meses, pero el Gobierno buscará administrar la suba para que no haya saltos que pongan nervioso al mercado. Esperamos que se mueva como mínimo al ritmo de la inflación.
The World Cup is over and now the focus is once again on the economy, with an eye on next year’s election. On the political front, the government faces a mixed outlook. On the one hand, the index of confidence in the government published by Universidad Di Tella shows a drop of 6.5% in July, a worrisome figure, though on the other hand, it benefits from a divided opposition without a clear leader that can challenge Milei in the presidential election. The Peronist party is entangled in internal disputes between Cristina Kirchner and Axel Kicillof, while the moderate opposition (including moderate Peronists, radicals, and former PRO) cannot get its act together. True, the elections are a year away and many things can happen along the way, but for the moment the government seems to be leading the opinion polls.
Milei, en una muestra de pragmatismo, decidió mantener abierto el Banco Central y darle independencia del poder político. Además, anunció que va a presentar una nueva ley para desarrollar el mercado de capitales y otra para reformar el mercado de seguros. Son tres iniciativas que, en principio, van en la dirección correcta. El problema es que, al menos por ahora, buena parte de esas ideas todavía no se reflejan en la práctica del propio Gobierno.
Dólar picante. El tipo de cambio volvió al centro de la escena y el martes se acercó a los AR$1,500, cortando la racha de 135 ruedas consecutivas con saldo comprador del BCRA en el MULC. Como viene pasando en los últimos meses, el tipo de cambio tiende a presionar los días en que se fija el precio de las letras dollar linked, y el martes no fue la excepción, aunque esta vez hizo falta más intervención para contener la suba (trascendió que el Tesoro habría vendido dólares spot). Más allá de este evento puntual, ayer el dólar retrocedió un poco y el BCRA compró US$ 36 millones. En la licitación de ayer el Tesoro absorbió unos AR$ 3.7 billones, mientras que la liquidez excedente rondaba los AR$ 2 billones, así que las tasas podrían tensarse si es que no hubo inyección de pesos por otra vía. Queda claro que al Gobierno no le resulta cómodo un dólar arriba de AR$ 1,500. Nuestro escenario sigue más cerca del dólar Ravier de AR$ 1,800 para fin de año.
La volatilidad se mantiene en los mercados internacionales con el petróleo volviendo a coquetear con los 100 dólares el barril, y las tasas de largo plazo volviendo a los niveles más altos del año por temor a que suba la inflación. Esta combinación complicó a casi todos los emergentes, que vieron subir los tipos de cambio y sufrieron aumentos en el riesgo país, dos factores que también afectaron a la Argentina. Vivimos en un contexto donde las condiciones externas cambian casi a diario.
Sigue la calma en el dólar. Fue otra semana tranquila para el tipo de cambio, que se mantuvo en el rango de AR$ 1,480. La novedad es que bajó considerablemente el volumen operado en títulos dollar linked, lo que sugiere que cedió un poco la presión cambiaria y el gobierno necesitó vender menos cobertura para sostener el tipo de cambio. De todos modos, parte de la demanda de cobertura se había canalizado mediante la licitación de deuda de la semana pasada, donde se colocaron unos US$ 967 millones de bonos dollar linked. Lo que sí subió es la brecha entre el contado con liqui y el MEP a más de 4%. No descartamos que la presión sobre el tipo de cambio vuelva a aparecer.
El Gobierno adelantó su propuesta para reformar la Carta Orgánica del Banco Central, y aunque todavía no conocemos la letra chica del proyecto que se enviará al Congreso, todo indica que es un paso positivo. La ley propone, entre otras cosas, la independencia del Banco Central y la eliminación de la emisión monetaria para financiar al Tesoro. Esto muestra que el proyecto busca mejorar la calidad institucional y focalizar al Banco Central en su tarea primordial: trabajar para conseguir la estabilidad de precios.
Cambió la dinámica del mercado de pesos. Desde junio, el mercado de pesos se viene comportando distinto. Por un lado, hay menos emisión vinculada a la compra de dólares del BCRA porque el ritmo de compras se redujo a la mitad (al menos hasta antes de esta semana). Al mismo tiempo, la venta de bonos dollar linked por parte del Central para contener la brecha absorbe pesos. Todo esto hace que la liquidez esté un poco más ajustada. En la licitación de hace dos semanas, el Tesoro soltó pesos y compensó esa caída de liquidez, pero a medida que pasaron los días el efecto se fue esfumando. Las tasas cortas amagaron con subir esta semana a niveles de 21.5%, pero inferimos que el Tesoro o el Central salieron a operar en el secundario para dar liquidez y bajarlas. Esto confirma que la estrategia del Gobierno sigue siendo mantener tasas bajas y administrar la presión cambiaria vendiendo cobertura.
Un programa financiero razonable. El equipo económico presentó el programa financiero, algo que no se veía desde la época de Dujovne, dando un paso positivo para ganar previsibilidad sobre los vencimientos del año que viene y despejar incertidumbre de cara a un año electoral. A grandes rasgos nos parece razonable y bastante en línea con nuestros números: el Gobierno planea emitir al menos US$ 5 mil millones en el mercado local y sumar otros US$ 2 mil millones de otros préstamos, a lo que se suma el sobrefinanciamiento que quedará de este año por US$ 3.7 mil millones. Además, el Tesoro deberá comprarle al BCRA unos US$ 5 mil millones para cubrir el gap. Son objetivos cumplibles, pero no exentos de riesgos, teniendo en cuenta que será un año electoral con dolarización de carteras, algo que puede complicar tanto el esfuerzo del BCRA por acumular reservas como el del Tesoro por emitir deuda. Para más detalle, ver la nota a continuación.
Con el cambio del jefe de gabinete el gobierno buscará retomar el control de la agenda política, después de varios meses de estar bajo presión por el Adornigate. También deberían desescalar las internas entre los funcionarios, que generan un desgaste innecesario y pegan sobre la popularidad. Esperamos que el oficialismo siga enviando proyectos al Congreso, donde necesita el apoyo de partidos aliados para conseguir pasar las leyes.
Cuando a fines del año pasado el Gobierno arrasó sorpresivamente en las elecciones de medio término, parecía que en 2026 se iba a llevar el mundo por delante. El clima de optimismo hacía pensar que iba a afianzar su popularidad, avanzar con fuerza en el Congreso, y con el riesgo “kuka” despejado, que se iba a acelerar la llegada de inversiones. En términos económicos, se esperaba que el programa empezara a mostrar resultados más contundentes en actividad y desinflación, una vez pasado el shock electoral. Seis meses después, el balance es más matizado. Hubo logros importantes, algunos tropiezos y una agenda política que se complicó más de lo previsto.
Sigue la presión cambiaria. El tipo de cambio oficial cerró ayer en AR$ 1,490 y retomó la suba después de unos días de relativa calma, en los que tuvo mucho que ver el Banco Central profundizando la venta de títulos dollar linked para contener la suba. Estimamos que el BCRA también estuvo activo en futuros, donde el interés abierto subió casi US$ 600 millones en junio. La idea del Gobierno parece ser evitar movimientos abruptos que generen nerviosismo. Lo positivo es que el BCRA sigue comprando en el mercado de cambios, aunque a un ritmo bastante menor que en los últimos meses. Esperamos que la tendencia alcista del dólar continúe.
After months of turbulence, the Argentine economy has entered a calmer financial period. Inflation has begun to fall, interest rates have remained at around 20% for a few months after a period of erratic movement, and the EMBI has dropped significantly. The exception has been some recent move in the exchange rate, though this looks like a welcome outcome to avoid further real appreciation of the currency.
No quedan dudas de que el viento cambió en el mercado cambiario. El tipo de cambio subió casi 5% en junio y cortó con una estabilidad que había durado más de cinco meses. No es una suba para preocuparse, pero muestra con claridad que el segundo semestre va a ser más desafiante en este frente. Es, además, el primer test real que enfrenta el Gobierno desde que arrancó el programa de acumulación de reservas y desde que la política monetaria adoptó un sesgo expansivo.
El dólar sigue subiendo y el BCRA empieza a vender futuros. El tipo de cambio oficial cerró ayer en AR$ 1,479 y acumula una suba de 4.9% en junio. Parte de la presión viene del contexto externo con el dólar que se fortaleció a nivel global y el real cayendo más de 2% en la última semana. El mercado de futuros tuvo su mayor salto de interés abierto desde septiembre (US$ 224 millones en un día), lo que sugiere que el BCRA estuvo vendiendo contratos para contener la presión. En mayo el Central había reducido su posición vendedora a casi cero, así que tiene margen para seguir operando. En el contado, en cambio, las compras cayeron a mínimos desde marzo. Lejos de preocuparnos, la suba del tipo de cambio nos parece positiva. De todos modos, es probable que el BCRA profundice la venta de futuros y dollar linked si la presión continúa.
Mientras todas las miradas están puestas en el Mundial, esta semana hubo otras novedades importantes que vinieron desde Estados Unidos. Por un lado, tras tres meses de guerra, se llegó a un acuerdo preliminar para ponerle fin al conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz. La paz todavía luce frágil y es esperable bastante volatilidad en los 60 días que durarían las negociaciones, pero lo concreto es que el petróleo ya bajó a la zona de 80 dólares el barril. Una buena noticia para la inflación, aunque no tanto para nuestras exportaciones.
Persiguiendo a Ecuador. El riesgo país comprimió unos 70 puntos desde que el miércoles pasado Standard and Poor’s mejoró la calificación de la deuda argentina en dólares de CCC+ a B-. Hace un mes Fitch había hecho lo mismo, y probablemente Moody’s lo haga pronto también. Con dos de las tres big three ubicando a Argentina en B-, se amplía el abanico de fondos que pueden comprar bonos argentinos. Eso impulsó la baja del riesgo país hasta la zona de 430 puntos, achicando la brecha con Ecuador, que está en 390. Esta semana también se conoció que el Banco Mundial aprobó el esquema de garantías para acceder a financiamiento por US$ 2,000 millones. De a poco se va completando el programa financiero, pero seguimos pensando que una colocación internacional abriría un círculo virtuoso que permitiría bajar más el riesgo país y financiarse a mejores tasas. Esperamos que el gobierno se anime más adelante este año.
La semana económica dejó dos noticias que generaron cierto alivio. Por un lado, la inflación volvió a bajar, confirmando que la desaceleración continúa y que las altas tasas de inflación que se vieron en el verano fueron un fenómeno pasajero. Nuestras estimaciones de inflación de alta frecuencia en alimentos son alentadoras, aunque, así como no había razones para alarmarse por los datos de los últimos meses, tampoco hay suficiente evidencia para aseverar que una inflación que lleva más de 18 meses por encima del 2.0% mensual ya esté domada. Es muy probable que la inercia inflacionaria continúe, aunque con una tendencia descendente.
Primero Fitch, ahora S&P. La calificadora Standard and Poor’s mejoró la deuda argentina en dólares de CCC+ a B-, un mes después de que Fitch hiciera lo mismo. La reclasificación pone a Argentina en la liga de Ecuador, que hace poco emitió 1,000 millones al 8.5% en su segunda colocación del año.
Después de conseguir la aprobación de algunas leyes importantes (reforma laboral, ley de glaciares), el gobierno anunció que impulsará una ampliación del RIGI, con el objetivo de atraer nuevas inversiones. Esperamos que el oficialismo siga enviando proyectos al Congreso, buscando mantener el control de la agenda. Las internas y los escándalos que involucran a funcionarios desgastan al gobierno y pegan sobre su popularidad.
Se despertó el dólar en junio. Luego de un inicio de año donde el tipo de cambio oficial había estado muy tranquilo (incluso con periodos de apreciación nominal), empezó a verse algo más de movimiento. En mayo cerró 2.1% arriba punta a punta contra abril y en las primeras 3 rondas de junio ya aumentó 1.8% contra el cierre de mayo. El CCL quedó en AR$ 1,514. Vemos como algo positivo que el dólar empiece a moverse a un ritmo parecido al de la inflación para evitar que se siga apreciando en términos reales. Sobre todo, si se da en una forma suave como en estos meses. En nuestro escenario base seguimos viendo un tipo de cambio que se mueve más rápido en el segundo semestre, aunque todavía quedando lejos de la banda superior.
Falta más de un año para las elecciones presidenciales del 2027. Sin embargo en las charlas con inversores o en los coffee breaks de la convención del IAEF la pregunta que más flotaba en el ambiente es que puede pasar durante el período electoral y después de las elecciones.
After a few difficult months, the economy is beginning to show signs of recovery, though this improvement is not yet reflected in the president’s image. The Government Confidence Index from Universidad Torcuato Di Tella fell 1.6% in May, marking six consecutive months of decline. At the same time, data from Universidad de San Andrés shows that presidential approval has dropped from 45% in November 2025 to 37% in May 2026. These are still reasonable numbers for a government that has been implementing an adjustment program for two and a half years. The administration does not feel under pressure so far, as there is no opposition figure capable of capitalizing on its difficulties. Peronism remains fragmented and lacks a clear leader, Macri orbits around but does not appear to have enough votes, and Bullrich distances herself from the ruling party without yet offering a clear alternative. The consensus among political analysts is that if an election were held today, Milei would win.