Miguel A. Kiguel para El Cronista
El 2011 será un año en el que seguirá el crecimiento aunque a una tasa algo menor, subirá algunos puntos la inflación y seguirá bajando el riesgo país.
La Argentina continuará beneficiándose del viento de cola, que tiene tres componentes. Por un lado, el alto crecimiento de Brasil y la fortaleza de su moneda ayudan a nuestras exportaciones industriales. Por otro, el elevado precio de las materias primas, que seguirán siendo empujadas por China e India, cuyas economías continuarían creciendo a tasas de entre 9% y el 10% anual. Un tercer factor son las bajas tasas de interés del mundo industrializado, lo que hace que lleguen más capitales.
El viento de cola combinado con políticas monetarias y fiscales que impulsan la demanda local hacen prever un crecimiento de alrededor del 5,5%. La economía argentina andará a toda marcha, con lo cual en muchos sectores ya no habrá capacidad de satisfacer la mayor demanda con aumentos de producción. Los problemas serán más importantes en el sector de energía y en algunas ramas industriales, que no tienen capacidad ociosa.
Uno de los mayores desafíos para 2011 será evitar una suba de la inflación, que cerró 2010 en un 26% anual. Por ahora, los esfuerzos por bajarla se basan en buenas intenciones, que no alcanzan.
La inflación, combinada con un tipo de cambio estable, llevará a que el peso se siga fortaleciendo en términos reales. Si bien la apreciación de las monedas es un fenómeno regional, en la Argentina va a afectar la competitividad de muchos sectores, aunque hoy no hay políticas impositivas o crediticias para compensarlas.
Aunque el panorama económico es alentador, habrá que estar atentos a cambios en el contexto internacional y al ruido político típico de un año electoral.