El peso del crédito a largo plazo cayó del 45% al 17% durante la era K

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Diario El Cronista

Las líneas hipotecarias y prendarias perdieron participación en el total de los préstamos a nivel local. Durante 2010, sólo llegaron a explicar el 10% del crecimiento del crédito en el país.

La inflación, de un lado, y la falta de confianza en los bancos, del otro, redujeron continuamente a lo largo de esta década la participación del crédito a largo plazo. Las líneas de mayor duración en el sistema, como las hipotecarias y las prendarias, que suelen avanzar en épocas de estabilidad económica y financiera, perdieron peso en estos años hasta quedar comprimidos a una mínima expresión frente a las de corto y mediano plazo (que suelen tomar fuerza en períodos inflacionarios y de mayor incertidumbre).

Una serie del Banco Central registra que, hoy, las líneas más largas representan apenas el 17% del total del crédito bancario en el país. Es poco más de un tercio de la proporción que se registraba para este tipo de financiamiento en la salida de la Convertibilidad (45%).
Para los analistas, la tendencia se fue agravando a la par de la aceleración de los precios domésticos, en los últimos años, y de las dificultades que encontraron las entidades durante la era K para recuperar la confianza de los argentinos en el sistema bancario.

“Se está viendo que el crédito de largo plazo es cada vez menor en el stock de total, y que esta tendencia se sintió fuerte en el 2010. En la variación que mostró cada línea durante este último año se ve que sólo el 10% del aumento del flujo de crédito es de largo plazo, y que el resto es corto plazo. Eso muestra que se sigue achicando la proporción”, consideró el economista Federico Bragagnolo, de Econviews.

Según datos de esta consultora, la expansión del crédito en el año registró un impulso de
$ 16.000 millones en adelantos y documentos, que son las líneas que suelen tomar las empresas, y uno de $ 18.000 millones en los personales y tarjetas de crédito, que es financiamiento utilizado generalmente por individuos. En los hipotecarios y prendarios, en cambio, se nota un fuerte rezago: estas líneas registraron en igual tiempo un crecimiento de apenas $ 4.560 millones.

“Una de las razones de este comportamiento es la inflación. Porque con la destrucción del CER los bancos se quedaron sin un instrumento confiable de indexación. Otra, es la falta de confianza en el sistema financiero, reflejado en la salida de capitales de los últimos años y en la baja proporción de depósitos sobre el PBI y en el cortoplacismo de los depósitos, lo cual dificulta el fondeo de largo plazo de los bancos”, agrega Bragagnolo.
Un trabajo reciente de la consultora AMF Economía, que preside el economista Andrés Méndez, mostró que la participación de los créditos hipotecarios para la vivienda en el stock de financiamiento al sector privado, quedó reducida a apenas el 5% en los últimos doce meses. Pero que, considerando los primeros siete meses de 2010, esa proporción se reduce a sólo un 0,1% sobre el total del crédito en el país.

“Sin lugar a dudas, la recuperación de la actividad crediticia en la posconvertibilidad fue liderada por los créditos sin garantía real y el capital de giro de las empresas. Con escaso acceso a los mercados financieros internacionales y sin mayor activismo del sector público, la posibilidad de apalancar créditos de más largo aliento quedó seriamente restringida”, dijo Méndez.

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