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A la coronacrisis se suma una tendencia previa: Argentina está en un “downsizing” estructural

25 Junio 2020

Casi como si fuera una estrategia de “pricing”, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó que el PIB de Argentina caerá 9,9% en 2020. En abril, estimaba 4,2%. Para 2021, espera un rebotín: solo 3,9%. Insuficiente para recuperar lo perdido. Son números en línea con la América Latina y el Caribe, que derrapará 9,4% en 2020 y recuperará 3,7% en 2021. El drama de Argentina es que antes de 2020 vinieron 2018 (-2,5%) y 2019 (-2,2%). Ya no hay serrucho (años buenos y malos): es un tobogán con agua. El martes, el Indec informó que el PIB se contrajo 5,4% en el primer trimestre, con poco menos de 15 días de aislamiento. El dato forzó a varios economistas locales a revisar (a la baja) sus pronósticos y ya casi no quedan proyecciones de un dígito. Una caída de -10% parece ser el nuevo piso. “El escenario base es de una caída de 10% el PIB del 2020, pero con la inminentes restricciones en el área metropolitana, es probable que la caída sea mayor porque la proyección del 10% estaba basada en una normalización lineal de la economía. Pareciera que ahora el tercer trimestre va a empezar con el pie izquierdo y, por ende, la recuperación más vigorosa en la actividad empezará más tarde, quizás en septiembre”, dice Andrés Borenstein (EconViews) ante El Economista.

“A los problemas de oferta en muchos sectores (desde hoteles a comercios y algunas industrias), se le suma la falta de demanda derivada de las restricciones financieras que afectan a muchos hogares, especialmente en la clase media baja en donde el IFE tiene menos llegada o hace menos fuerza en términos de la canasta de consumo. Mención aparte a la inversión. A la pandemia, se le suma un clima de negocios local poco propicio y a los problemas de las multinacionales en sus países de origen. El dato de la inversión en el primer trimestre fue el más bajo de la serie del PIB a precios del 2004 y es 36% menor a los que se invertía en el tercer trimestre del 2011 y 37% menor al pico de 2018. Sin embargo, el número del primer trimestre será visto como una belleza cuando se publiquen los próximos dos trimestres”, agrega Borenstein.

Desde Analytica, proyectan una caída de 10,9%, la misma que en 2002, aunque sujeta a revisiones. “Si el FMI dice 9,9% es porque va a ser más que eso”, dice Ricardo Delgado, Director de Analytica, ante El Economista. “Hay varias particularidades con respecto a 2002. Entonces, el ciclo recesivo fue más largo y nunca tuviste caídas trimestrales de 5% y hoy esperemos -13% para el segundo trimestre. Vemos una salida ABC, y no una V, una J o una L. El segundo trimestre será el piso y ya observamos un rebote en mayo contra abril. En el tercer trimestre vemos una recuperación del 7% contra el segundo y una moderación luego. Recién en el primer trimestre de 2021 vamos a recuperar los niveles de actividad del primer trimestre de 2020, pero todavía no los de fines de 2019. Argentina está en un proceso de ‘downsizing’, que será complejo y largo. Es un achicamiento estructural y el mundo empresario debe tomar nota de eso para pensar sus estructuras de negocios. En 2021, la economía va a tener el mismo tamaño que en 2007, medido en dólares y ajustado por la inflación de Estados Unidos. No va a ser la economía de hace 2-3 años”, señala. “El consumo en dólares va a estar muy deprimido y la salida de las familias, por la carga de la deuda, será lenta”, resume Delgado.

Desde el Grupos SBS, Adrián Yarde Buller dice: “Creemos que abril habría marcado una suerte de ‘piso’ para la actividad ya que a partir de mayo comenzaron a flexibilizarse gradualmente algunos sectores, especialmente en el interior. Esperamos que la actividad pueda iniciar una recuperación más clara recién cuando se puedan ir levantando restricciones en el Gran Buenos Aires, posiblemente durante el tercer trimestre. Igualmente, es importante remarcar que no esperamos que la economía logre superar los niveles de actividad previos al comienzo de la crisis y tampoco esperamos un rebote vigoroso ya que no hay ni espacio fiscal ni monetario para medidas de estímulo como las que se ven en otros lugares del mundo, incluso en nuestra región. Este golpe nos llega luego de una larga sucesión de impactos macroeconómicos severos y sin ningún margen para amortiguarlos. Esta vez, levantarse va a ser un poco más difícil. Estamos proyectando una caída del PIB de 11% condicional a que las restricciones puedan ir relajándose en los próximos meses y haya un final feliz en las negociaciones por la deuda, aunque el deterioro de los ingresos reales y los indicadores sociales probablemente será mayor”.