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Anestesiar el dólar es el gran objetivo preelectoral

18 Marzo 2019

“El Gobierno puso toda la carne al asador y no creo que le quede mucho más para anunciar en materia fiscal y monetaria de acá a fin de 2019”. Así lo resumió Diego Falcone, Head Portfolio Manager de Cohen, la semana pasada. Se refería a la batería de medidas que lanzó el BCRA y el Ministerio de Hacienda, en tándem, para controlar la variable “madre”: el precio del dólar. Por un lado, el BCRA congelará la base monetaria hasta diciembre y, por el otro lado, Hacienda volcará casi US$ 10.000 millones en el mercado desde abril. Un cóctel que deparó sus primeros frutos, todavía inestables, el viernes pasado cuando el dólar cayó 77 centavos y volvió a $40. Por su parte, desde Grupos SBS hablaron de “señales que invitan a volver a creer” y agregaron: “Esperamos que los spreads de la deuda en moneda dura compriman y el tipo de cambio converja al piso de la Zona de No Intervención del BCRA mientras debieran seguir acomodándose las tasas de interés”.

También coincidió Federico Muñoz en su informe del fin de semana. “Es probable además que -con el inminente inicio de la cuantiosa liquidación de dólares sojeros- el tipo de cambio vuelva a caer debajo de la zona de no intervención y tengamos por delante unas cuantas semanas de calma financiera”, dijo, pero advirtió que, hacia adelante, el ruido político favorecerá una nueva dolarización de carteras. Por si fuera poco, las “manos amigas” (el campo) aportaron grandes noticias y la Bolsa de Cereales de Rosario elevó sus proyecciones para la cosecha gruesa, con una soja en 54 millones de toneladas y una campaña maicera de casi 44 millones. El Puerto de Rosario empieza a congestionarse y expertos como Iván Ordoñez plantean que “si el clima se mantiene, la cosecha será la más voluminosa de nuestra Historia”.

Eso implica más dólares para el mercado cambiario y, vía retenciones, también más pesos para el Tesoro y el déficit fiscal 0% que se nutre, en gran medida, de la mayor presión fiscal. Atemperado un poco la efectividad de los anuncios, Ecolatina advirtió (ver más en página 15): “Las ventas diarias lucen acotadas para prevenir episodios de stress y suponen un poder de fuego acotado”. Pero, más allá de eso, en el corto plazo primaría la calma cambiaria. Así lo aseguró, también, Miguel Zielonka ante El Economista. “Tras haber cerrado a $40 el viernes, debería estar tranquilo. Además, lo veo entre $40-40,50 hasta fin de mes, acercándose al piso de la banda por el ajuste diario”, aseguró el hombre de Econviews y anticipó que las tasas seguirán alta, en la zona de 63%, “hasta fin de mes también”.

“La ortodoxia volvió a imponerse. Bajar la inflación que no da tregua (3,8% en febero y 3,9% la núcleo) es el objetivo explícito de la gestión actual del BCRA y controlar el tipo de cambio, el implícito. El primero es condición necesaria para asentar las bases de un crecimiento (futuro) sustentable, mientras que el segundo es necesario para ganar las elecciones. Y el precio que están dispuestos a pagar es una mayor tasa de interés con sus efectos contractivos en la actividad y, en segunda instancia, un deterioro en las probabilidades de reelección”, ensayaron desde Delphos Investment. La calma cambiaria será clave para cortar la aceleración de la inflación, tras el 3,8% de febrero y los registros, también elevados y similares, que se esperan para marzo y abril. Si el dólar se contiene, y ya sin ajustes tarifarios, con recesión y con la política monetaria en modo “ultra halcón”, la expectativa oficial es tener registros mensuales de 2%, o menos, desde mayo para poder exhibir algún “éxito” antes de las elecciones. Porque, si bien la economía no es todo, es importante y no se esperan novedades alentadoras en la economía real.